JOYA TATUADA: ABBEY LEE

Nació hace 23 años en el fin del mundo y ella, Abbey Lee Kershaw, con sus aires de grunge y románticos sobre el asfalto, ha cambiado sin querer la esencia de toda modelo. El éxito, sin duda alguna, han sido sus pendientes de  la nariz y el pezón, lo que hoy denominamos pirsins.

Los diseñadores se la rifan, ya no solo por su actitud, sino por los rasgos peculiares de belleza que insinúa a la cámara, y el impacto de sus ocho tatuajes.

Después de mucho tiempo y considerar estos adornos del cuerpo ‘mal vistos’, ahora los diseñadores del lujo lo adaptan para representar una nueva forma de llevar ‘joyas’ o ‘joyas tatuadas’. No en vano, muy pocas son las modelos que antes se habían negado a quitarse estos adornos, o incluso a tapar sus tatuajes. Y hoy, gracias a Abbey ni se cuestiona.

Podemos decir que la vida de esta dulce chica, de una panadería en Sidney,  es como un viaje en tren. Cada parada es un año con una firma o marca. Sin excluir los desfiles. Su itinerario comienza cuándo es descubierta en el año 2004 por el concurso “Girlfriend Covergirl” . La anónima Abbey Lee, deseaba ganar y conseguir el premio: Saltar a los focos.

En el año 2006 ya realizaba su primer desfile en Australian Fashion Week y era fichada por Levi’s y H&M en las campañas de publicidad. La agencia NEXT la invita a mudarse a Nueva York, y mediante empujones, estrellatos, sofocos… La hunden en tal depresión que comienza a perder peso, modifican su look, cambian su vida por completo y ya estamos en el 2008.

Con fuerza y desengaño se recupera gracias a, que en Paz descanse, Alexander McQueen que la elige para uno de sus desfiles. Ella se desmayaría por un corsé demasiado apretado al final del show, pero eso no  le resultó ningún impedimento a Gucci. Apostaba por ella y en exclusiva en Milán y además para la imagen del perfume flora. La envidia se contagiaba, y GAP, Ralph Lauren y Chlóe se comían las uñas por trabajar con ella, sin olvidar la secta de los ángeles de Victoria’s Secret.

El largo trayecto de Abbey no tiene un mapa, puesto que la velocidad del tren y el camino, son para ella un juego de cartas. Ella es una joya, gracias a su pecho y cara.

Emma de Lara

 

 


 

 

 

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